Prismáticos: las tres cifras que de verdad importan al elegir
8x42, 10x50, 12x25. Los números del envase dicen más de lo que parece, y casi siempre menos de lo que promete el fabricante.
Marta Sanchís · Madrid · 29 de agosto de 2026

En la estantería de cualquier tienda de deporte hay una docena de cajas casi idénticas, y en todas manda un número: 10x50, 12x25, 20x60. Cuanto más alto, más caro parece y más se vende. Es también el peor criterio posible para elegir.
Las dos cifras del envase significan cosas distintas. La primera es el aumento: un 8x acerca la imagen ocho veces. La segunda son los milímetros de la lente frontal, la que mira al paisaje. Un 8x42 aumenta ocho veces y tiene lentes de 42 milímetros.
La tercera cifra no viene impresa
Hay que calcularla, y es la que más se nota en el campo: la pupila de salida. Se obtiene dividiendo el diámetro entre el aumento. Un 8x42 da 5,25 milímetros. Un 12x25, apenas 2.
Ese número es el diámetro del haz de luz que llega al ojo. En pleno mediodía la pupila humana se cierra hasta unos 2 o 3 milímetros y casi cualquier prismático sirve. Al amanecer y al atardecer se abre hasta 5 o 6, y ahí el aparato que da 2 milímetros deja el resto a oscuras. Como las horas buenas para mirar son justamente esas, la cuenta importa.
Regla práctica: por debajo de 4 milímetros de pupila de salida, el prismático es de día claro. De 5 en adelante, aguanta la primera y la última hora.
El aumento tiene un techo
A partir de 10 aumentos, el pulso empieza a ganar. El temblor propio de la mano se multiplica igual que la imagen, y a 12x el paisaje baila lo suficiente para cansar en pocos minutos. Por encima de eso hace falta apoyo: una barandilla, un poste, un trípode.
Por eso los prismáticos de observación de aves, que se usan durante horas, rara vez pasan de 10x. Y por eso los visores fijos de los miradores, esos de monedas que rondan los 20 aumentos, van atornillados a un pie de hierro.
El campo de visión, el dato que nadie mira
Suele venir en letra pequeña: «120 m a 1.000 m». Es la anchura de escena que se ve a un kilómetro. Cuanto mayor el aumento, más estrecho el campo, y más difícil encontrar lo que se busca. Para seguir un ave en vuelo o localizar un rebeco en una ladera, un campo amplio vale más que un aumento alto.
El vidrio del prisma
Dentro hay un prisma que endereza la imagen. Los hay de dos tipos: BK-7, habitual en gama baja, y BAK-4, de mayor densidad. La diferencia se ve mirando por el ocular a medio palmo del ojo: si el círculo de luz aparece recortado en los lados, es BK-7. Si es redondo y limpio, BAK-4.
El tratamiento de las lentes es el otro punto. Un cristal sin tratar refleja parte de la luz que le llega. «Multicapa» significa varias capas antirreflejo en todas las superficies, y se traduce en más contraste y menos velo.
Qué comprar, entonces
- Uso general y observación larga: 8x42. Es el estándar de los observadores de aves por algo.
- Montaña con poco peso: 8x32 o 10x32. Se pierde algo de luz, se gana medio kilo.
- Llevar siempre encima: compacto de bolsillo, asumiendo que al amanecer se verá poco.
- Puestos fijos y larga distancia: más de 10 aumentos, siempre con apoyo.
Lo que no conviene es lo contrario de todo esto: comprar el 20x del escaparate porque es el número más alto y descubrir en la primera salida que no hay manera de sostener la imagen quieta.
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