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Aire libre

Qué cabe de verdad en una mochila de ruta de un día

La regla del 10% del peso corporal es un buen punto de partida. El resto es decidir qué se queda en casa.

Álvaro Pineda · Barcelona · 14 de agosto de 2026

En ruta de un día el peso se nota en la bajada, no en la subida.
En ruta de un día el peso se nota en la bajada, no en la subida. Foto: DanaK~WaterPenny / Wikimedia Commons (CC BY)

El peso de la mochila no se nota en el primer kilómetro. Se nota en la bajada, cuando cada paso descarga el peso propio más el de la espalda sobre la misma rodilla. De ahí la regla que repiten los guías: en ruta de un día, no más del diez por ciento del peso corporal. Setenta kilos, siete de mochila.

Parece mucho hasta que se empieza a sumar.

El agua es casi la mitad

Un litro pesa un kilo. Para una ruta de cinco horas con calor, el consumo razonable ronda medio litro por hora, así que hablamos de dos litros y medio: más de un tercio del presupuesto de peso, sólo en agua.

Por eso conviene mirar el mapa antes: si hay fuente a mitad de recorrido, se sale con la mitad. Si no la hay, no se recorta. Ir corto de agua es el error que más rescates provoca en verano.

Lo que se lleva aunque haga sol

Una capa de abrigo, siempre. En agosto, en cualquier sierra española, una tormenta de tarde puede bajar diez grados en veinte minutos, y a eso se le suma que uno va mojado de sudor. Un cortavientos fino pesa doscientos gramos y resuelve las dos cosas.

Gorra y crema solar, incluso en días nublados de montaña: por encima de los mil metros la radiación no perdona el cielo cubierto.

Comida que aguanta la mochila

Lo que se aplasta, se aplasta. Bocadillo de pan denso antes que de molde, fruta que no se magulle, frutos secos. Y algo dulce reservado para el tramo final, que es cuando de verdad hace falta.

Lo que casi nadie lleva y hace falta

  • Mapa en papel o descargado. La batería del teléfono es la primera víctima del frío y de la falta de cobertura, porque el aparato se agota buscando señal.
  • Silbato. Pesa cinco gramos y se oye mucho más lejos que una voz. Muchas mochilas ya lo llevan en la hebilla del pecho.
  • Manta térmica. Cincuenta gramos. Sirve para esperar a que llegue ayuda sin perder calor, que es lo que mata en una espera larga.
  • Frontal. Aunque la ruta acabe a las seis de la tarde. Los retrasos existen y anochecer sin luz en un sendero de piedra es peligroso de verdad.

Lo que casi todos llevan y no usan

El botiquín de veinte piezas, que acaba siendo tiritas y poco más. Ropa de repuesto completa. El segundo par de calcetines. La cámara grande, cuando el teléfono resuelve el noventa por ciento de las fotos que se acaban mirando.

Cómo se coloca

Lo pesado, pegado a la espalda y a la altura de los omóplatos. Lo ligero abajo y en los extremos. Una mochila bien cargada tira hacia adelante, no hacia atrás; si al ponerse de pie hace falta compensar echando el cuerpo hacia delante, está mal repartida.

Y el cinturón lumbar apretado antes que los tirantes: la carga tiene que descansar en la cadera, no colgar de los hombros. Es la diferencia entre terminar la ruta cansado y terminarla con el cuello agarrotado.

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